Lee Miller nació en Poughkeepsie, Nueva York, el 23 de abril de 1907. Su padre era muy aficionado a la fotografía y contagió su afición muy pronto a su hija.
Fue descubierta como modelo a los 19 años, de manera accidental, paseando por las calles por Condé Montrose Nast (dueño y editor de la revista Condé Nast) y pronto comenzó una exitosa carrera en las pasarelas de moda y en las portadas de Vogue.
En 1926 viajó a París para estudiar, pero pronto tuvo que regresar a su país, dada la delicada situación política y social que vivía Europa en aquellos años. Sin embargo, pronto vuelve a la capital francesa para trabajar con los principales fotógrafos de moda del momento.
Allí conocerá al destacado artista modernista Man Ray, del que se convertirá en su ayudante y con el que iniciará una relación personal que le permitirá conocer a personas muy destacadas de la vida cultural del momento, como Picasso.
Decide instalar en París un estudio dentro de la escuela surrealista, pero en el año 1933 vuelve a Nueva York y pone un estudio junto a su hermano, especializado en los retratos y que la llevarán a realizar varias muestras en la ciudad con sus obras.
De temperamento inquieto, en 1934 se casa y vuelve a marchar, en esta ocasión a Egipto, aunque con su pareja vivirá viajando por diferentes lugares.
Lee Miller destacó por su capacidad para adaptarse a diferentes estilos y tipos de fotografía, siempre creando obras que destacan por su gran calidad y variedad. No era mujer de encasillarse, limitarse a un solo estilo o profesión, ni de etiquetas. Es por eso que no lo dudó, y cuando va a Inglaterra en 1939 para trabajar para Vogue se dedicará no solo al mundo de la moda, sino también a documentar el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
En el año 1941 viajará, junto al fotógrafo de la revista Life David Sherman, retratando y escribiendo sobre las consecuencias del conflicto por diferentes enclaves.
Su obra contribuirá a documentar la dureza de esta guerra y sus obras pasan la historia como el reflejo de algo que no debería repetirse.
Tras finalizar la guerra se funda la mítica Agencia de fotografía Magnum, y ella será una de las primeras personas en ser miembro de la misma.
A finales de la década de los 40 casa con el artista Roland Penrose y por su casa de campo inglesa pasarán algunos de los más grandes artistas vivos el momento. En un momento determinado decide dejar la fotografía, de la que incluso en los últimos años de vida casi reniega. Guardó su obra en el desván y sólo después de su muerte, en 1977, fue cuando su hijo, Anthony Penrose, encontró los negativos de su obra.
Dejó a la historia más de 40.000 archivos que conforman un registro de lo sucedido en la primera mitad de siglo, destacando su fotografía de retratos, surrealista y de guerra, que la convirtió en una de las más reconocidas fotógrafas de la historia.
Una de sus fotos icónicas es la fotografía de ella en la bañera del apartamento de Hitler en Munich (hecha el mismo día en que Hitler y su mujer Eva Braun se suicidaban en el bunker de Berlín) como símbolo de la victoria aliada. La hizo su compañero David E. Scherman que la acompañó siguiendo a las tropas estadounidenses en la II GM.
Su historia ha sido llevada al cine por la directora Ellen Kuras y con Kate Winslet en el papel protagonista.














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